COMUNICADO SOBRE EL PANEL “ESI AL BANQUILLO”
UNCuyo: la intolerancia y la violencia no tienen lugar en la universidad
Desde Padres Unidos Argentina queremos denunciar por este medio lo ocurrido en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) el pasado 26 de marzo: un acto de censura violenta que atenta contra los principios más básicos de la vida democrática.
El panel “La ESI al banquillo” organizado por nuestra asociación en conjunto con la Unión de Académicos Independientes (UDAI) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, fue interrumpido mediante agresiones físicas, gritos y amenazas organizadas con el claro objetivo de impedir su desarrollo. No se trató de un hecho aislado ni de una “expresión de disenso”, sino de un accionar deliberado para silenciar a quienes piensan distinto.
Esto es inaceptable.
Y que a pesar del intento de censura, la buena voluntad de los organizadores y su tenacidad para continuar, permitieron que se desarrolle y culmine este panel con total normalidad.
Graciela Spinelli, presidente y fundadora de Padres Unidos Argentina, que integraba el panel en la universidad se pronunció al respecto con profunda preocupación: “Advertimos que, mediante mecanismos de cancelación, se ha impedido la presencia y la voz de los padres en el debate universitario sobre la educación sexual de sus hijos. Esta práctica atenta contra la libertad de expresión, la participación ciudadana y el vínculo fundamental entre familia y educación, vulnerando principios de pluralismo y desconociendo el rol subsidiario del Estado en esta cuestión.”
Pero lo ocurrido no se limita a un intento de silenciar la diversidad de opiniones en el ámbito universitario —hecho ya de por sí inadmisible—, sino que se agrava de manera extrema con la agresión física sufrida por una docente de la institución con 30 años de trayectoria en esta casa de estudios. Este nivel de violencia marca un límite que no puede ser relativizado ni tolerado bajo ninguna circunstancia. Se trata de un hecho de máxima gravedad que vulnera no sólo la libertad de expresión, sino también la integridad de quienes forman parte de la comunidad educativa, y exige una respuesta inmediata, clara y contundente.
Cuando la violencia reemplaza al debate, se quiebra el principio esencial que da sentido a la vida universitaria: la búsqueda de la verdad a través del intercambio libre de ideas. La universidad existe precisamente para garantizar ese ámbito de pluralismo, donde los argumentos se confrontan sin coerción y donde ninguna posición se debería imponer por la fuerza. Cuando ese marco se rompe y la intimidación sustituye al diálogo, ya no se afecta solo una actividad puntual, sino el derecho fundamental a pensar, expresar y debatir en libertad.
Permitir que la agresión o el hostigamiento se conviertan en mecanismos válidos dentro de la universidad implica legitimar una lógica incompatible con cualquier sistema democrático: la del poder ejercido por la fuerza y no por la razón. En ese escenario, el disenso deja de ser un valor y pasa a ser un riesgo, y quienes sostienen posiciones distintas quedan expuestos a la censura o la violencia.
Por eso, la universidad no puede ni debe convertirse en un espacio donde prevalezca la imposición del más agresivo. Si se tolera que el que grita más fuerte o intimida logre silenciar a otros, se vacía de contenido la función académica y se degrada la institución en su conjunto. Defender el debate no es una opción: es una condición indispensable para preservar la libertad.
Quienes recurrieron a estas prácticas no defendieron ninguna causa sino que atacaron directamente la posibilidad de pensar, dialogar y construir conocimiento en libertad.
La denuncia sobre la agresión ya ha sido presentada ante la Justicia, y la docente afectada avanzará con la correspondiente denuncia por violencia de género en el ámbito de la Universidad. En paralelo, se están presentando notas formales ante el Consejo Superior —máximo órgano de gobierno de la Universidad— y ante el Consejo Directivo, a fin de dejar constancia de lo ocurrido y solicitar la inmediata apertura de investigaciones, la aplicación de sanciones correspondientes y la adopción de medidas preventivas que garanticen que hechos de esta gravedad no vuelvan a repetirse.
Resulta aún más grave que todo esto ocurra en torno a un tema como la Educación Sexual Integral, que exige precisamente apertura, pluralidad de enfoques y participación de las familias. Pretender clausurar ese debate mediante la intimidación revela un profundo desprecio e intolerancia justamente por la diferencia de opiniones y por los principios básicos de una sociedad democrática.
Desde Padres Unidos Argentina afirmamos con firmeza que:
- No hay educación posible sin libertad de expresión.
- No hay formación democrática sin respeto por el que piensa distinto.
- No hay universidad legítima si se tolera la violencia como método de imposición ideológica.
Estos principios no son negociables: constituyen la base indispensable para una convivencia educativa sana y verdaderamente formativa.
Desde la asociación nos solidarizamos profundamente con la docente agredida y con todos los asistentes al panel que se vieron expuestos a una situación tan violenta como angustiante.
Expresamos nuestro más enérgico repudio frente a estos episodios, acompañamos a quienes fueron afectados y reafirmamos la necesidad urgente de que estos hechos no queden impunes, sino que exigimos el inmediato esclarecimiento para que estos episodios no se repitan. El silencio institucional frente a este tipo de acciones sólo contribuye a su legitimación.
Defender la educación es, ante todo, defender la libertad. Y frente a la violencia, no hay neutralidad posible.
Y para concluir, queremos dejar expresadas unas palabras que hubiéramos querido compartir con los universitarios, si se hubiera garantizado la posibilidad de escuchar y dialogar en un clima de respeto: porque la universidad no es un espacio para imponer, sino para pensar; no es un ámbito para silenciar, sino para escuchar; y no es un lugar para la violencia, sino para la búsqueda honesta de la verdad en libertad.
-“A los estudiantes universitarios, con la esperanza de que encuentren en las páginas de este libro un espacio inseguro para sus ideas, una fuente de desestabilización de prejuicios y un ejercicio en el que aprecien la diferencia entre la disciplina del trabajo académico y la comodidad de la retórica publicitaria.”-
Es la dedicatoria del libro de los catedráticos, Doctores en Psicología de la Universidad de Oviedo, José Manuel Errasti y Marino P. Álvarez, “Nadie nace en un cuerpo equivocado” dedicada a sus alumnos.
Padres Unidos Argentina